Biología y Derecho penal

Autores/as

  • Gerardo Laveaga

Palabras clave:

Biología, Neurociencia, Justicia terapéutica

Resumen

Ya pérdida mi fe y sustituido en mi mente el infierno por la prisión, siempre recordé estos versos. Como estudiante de Derecho, provocaron que me preguntara por la eficacia de la ley. De la ley penal en concreto: Si mañana se despenalizara el homicidio, yo no saldría a matar a nadie. Entre las personas con las que alterno, no se me ocurre ninguna que pudiera querer hacerlo. Si mañana desaparecieran las consecuencias jurídicas para quienes abandonan a sus hijos, yo no abandonaría a los míos. Podría apostar a que tampoco lo harían mis amigos y conocidos. Por el contrario, quienes asesinan, violan o asaltan, quienes abandonan a sus hijos, lo hacen a pesar de las leyes más severas.

Mi interés por la eficacia jurídica —“el problema de si la norma es o no cumplida por las personas a quienes se dirige y, en el caso de ser violada, que se la haga valer con medios coercitivos por la autoridad que la impuso”, que es así como la define Norberto Bobbio— me llevó a buscar las respuestas en la filosofía y en la teoría del Derecho.

Del Derecho divino pasé al iusnaturalismo, pero la lectura de Hume me alejó de él. Lo que enseña el pensador escocés es que la moral es producto de nuestras emociones y no de la razón. Que el Derecho, por su parte, es resultado de un consenso que varía en el tiempo y el espacio.

Su ought passage me pareció revelador: no era posible inferir Derechos y deberes a partir de una manifestación de la naturaleza. ¿Contar con dos brazos indicaba que estábamos diseñados para tener dos hijos? ¿Tener la piel oscura implicaba que debíamos servir a quienes tuvieran la piel clara? Las  monstruosas políticas racistas o supremacistas habían tenido una aproximación similar.

Con el positivismo, al que me volqué entonces —Bentham, Austin, Hart, Kelsen, Bobbio…— no me fue mejor. Si al principio llegué a creer que bastaba que una sociedad conociera la ley para que la respetara, advertí que la técnica del Derecho no podía ser ajena a su contenido si se buscaba el cumplimiento. Tan disparatado parecía afirmar que se prohibía asesinar porque esa era la voluntad de dios, como que se prohibía hacerlo porque así le había parecido  razonable a un legislador que se arrogaba el privilegio de decidir “por el pueblo”. 

Publicado

2021-04-19